Algo de pronto se quebró, una palabra, un beso, un respiro, un aullar de ambulancias a lo lejos, un paisaje congelado en una ventana sin estrellas y nadie se dio cuenta, ni él mismo...
De pronto bajó del autobús a deambular como un cachorro que recién sale del vientre de su madre, tembloroso y aterrado, se abrió paso entre la gente, y ahí estaba en el piso como un trapo sucio, su hermano, o lo que él creía había sido su hermano, al lado, un coche destrozado, sangre, vísceras, un llanto de mujer, un coro a cuatro gritos "esto no puedo estar pasando", la luz, una siniestra y cegadora luz, un zumbido de trescientas abejas luchando por entrar en sus oídos y la nada, por fin...
En casa sonó el teléfono, "Eduardo está muerto" así, sin más, vomitó Pepe las palabras en el auricular, de no ser porque Eduardo miraba pácificamente la televisión en el cuarto de al lado, cualquiera hubiese creído lo que oía, puesto que no había razones para no creer en su palabra. No había razones, o quizá nadie las había podido ver...
Sí, era medio raro cuando niño, se quitaba los zapatos porque quería ser libre, se metía cosas en la nariz, en las orejas, no hablaba mucho, y cuando lo hacía parecía errático, tartamudo, pero con nueve hijos que atender y poco dinero para alimentarlos, nadie presta atención a las singularidades de uno, y así, silencioso, larguirucho, con ojos que parecían amenazar con saltar de sus órbitas, y unas profundas ojeras, frutos de un desvelo innecesario capturando con un lápiz toda la belleza que no podía asir con sus manos, así, anónimo, fue creciendo hasta que sus pequeñas rarezas saltaron a la superficie, cuando Yasmín, su sobrina caminaba de forma extraña y preguntaba con toda la inocencia propia de una niña de tres años: "Mami, por qué me escurre sangre por las piernas?" y que todos en la casa quisieron matarlo y castrarlo, y meterlo a la cárcel, pero que finalmente tras unos pocos días parecían haber olvidado el accidente, solo para que pocos meses después, uno de sus hermanos abriera la puerta y lo encontrara retozando alegremente con un jovencito de apenas catorce años, y otra vez, fue un capítulo borrado, una de esas imágenes que llenan los sueños y en la mañana aparecen borrosas y a lo largo del día se pierden entre la maraña de recuerdos olvidados.
"Eduardo está muerto" repetía como una cansada grabación, vacuo, sin emoción alguna, Hilda le preguntó dónde estaba, y fue a buscarlo. Llegó a casa, con los ojos perdidos en un viaje que llevaba a ningún lado, las manos rígidas, ya no era él, era apenas una caricatura, algo que alguna vez perdida en el pasado había sido un hombre...
Todos parecían tan sorprendidos, como si de pronto hubieran despertado y se encontraran con una realidad diametralmente opuesta a la que habían vivido hasta entonces, como si de ninguna manera él hubiese dado señales tiempo atrá, de que algo muy grave se gestaba en los pasadizos de su mente, Hilda se mordía las uñas, caminando cansadamente de un lado a otro del cuarto, hilvanando teorías totalmente carentes de evidencia científica, e incluso afirmando que todo esto debía ser producto de la hechicería. Tomás, fumando desde la puerta, mirando con marcada altanería todo el desgarrador cuadro familiar, autoexcluyéndose de la enfermiza dinámica, emitiendo el juicio sumario de que el señor simplemente estaba fingiendo una enfermedad con el propósito de molestar a los demás, por otro lado Sebastián,resguardado en su altivez, meneaba la cabeza de un lado a otro, pero desligándose, menos bruscamente pero aún así, soltando amarras, y musitando posibles soluciones a nadie, porque tras la cortina de humo, Pepe se debatía entre las voces que le llamaban "El diablo" haciendo referencia a esa joroba que desde la juventud comenzó a deformar su espalda, y entre las señales que el cielo le enviaba, prometiéndole una vida mejor cuando "esos seres" llegaran a buscarlo, provenientes de lejanas estrellas, y lo llevaran a un viaje sin retorno. Lulú miraba sin mirar, presa de un desconcierto pocas veces sentido dentro de una vida digamos cómoda, en la que su decisión más importante había sido escoger un pretendiente sobre otro, basándose exclusivamente en sus características físicas, así, que mientras se maquillaba escuchaba solamente como las cuatro viejas paredes de su casa, parecían cimbrar el universo, su universo.
jueves, 9 de diciembre de 2010
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