Un año más ha pasado, y hoy no lo olvidé, sé perfectamente que es tu cumpleaños, y no quiero excusarme porque estoy ensayando esta nueva personalidad, ser alguien que finalmente afronta la realidad con sus consecuencias, porque a pesar de que pueda yo nombrarte en una lista interminable de minucias cotidianas, no me regalé esos minutos para escuchar tu voz del otro lado del teléfono, no te regalé a ti esa certeza de que me importas, de que a pesar de mis constantes silencios y mis obvias ausencias, te quiero, y probablemente sólo iba a llamarte para decirte esa suerte de perogrullo que son siempre las felicitaciones de cumpleaños, pasátela súper, que todos tus sueños se hagan realidad, aunque honestamente sabemos que eso es prácticamente imposible, y no lo digo con el afán de menospreciar tu vida o tu situación actual, lo hago, en un acto de honestidad y conocimiento de causa, porque sé perfectamente que tu vida no es ni siquiera medianamente lo que esperabas, y que a pesar de que yo te envíe doscientos millones de abrazos, y cuatrocientos mil buenos deseos, mañana volverás a despertar a la misma mierda de siempre, a la llovizna de todos los días, al asco de enfrentarte al espejo y no encontrarte o al menos no encontrar lo que deseas, a la misma sensación de vacío cuando extiendes la mano y al parecer es otra mano extraña la que llega al encuentro, y sé perfectamente que volteas hacia atrás y no te arrepientes porque no eres de ese tipo, y sé que miras a tu hija a los ojos y encuentras razones para voltear al mundo y ponerlo a tu favor, y sé perfectamente que con el mismo entusiasmo que tejes teorías para solucionarlo todo, llega la noche y te derrumbas, con el estómago vacío y la cabeza atiborrada de cosas pendientes, deudas, medicinas, proyectos inconclusos, ausencias mallogradas, amigos que no están, y sé perfectamente que quisieras gritar, salir a la calle, arrancarte la blusa, y decir en pie de voz "Me está cargando..." pero a lo sumo, encenderás un cigarro en la penumbra al cobijo del frío nocturno, y dejarás que el humo ahuyente esos malos pensamientos de tu cabeza, porque finalmente debes guardar la compostura, mantener el corazón calmo y la mente fría, porque sabes que hay alguien que ahora te necesita, y no con esa necesidad carnal, desesperada, como la que creíste conocer, sino con una necesidad simple, sin cuestionamientos, ni pretextos, sin dobleces, ni aspavientos, y es lindo, al final del día, es sobrecogedora la sensación de ser lo más importante en la vida de alguien, ser la mano creadora y modeladora de esa criatura que te mira con ojos de desconcierto, sin alcanzar a comprender que has renunciado a tu vida, a tus sueños, a tu maquillaje y a los desvelos, a los cigarros, y a esa bendita irresponsabilidad de la vida de los solitarios, por ella, y quizá nunca lo sepa, y peor aún, quizá nunca lo valore, pero sé también que no te importa, porque es suficiente mirarla allí sentada, sabiendo que está viva porque tú lo has logrado, y te sentirás tan orgullosa, casi al punto de las lágrimas, y no sabrás si son lágrimas de felicidad, o de llana desesperación...
Y finalmente esta carta era para ti, y digo era, como la más clara comprobación de que ya no somos tú, Estela, la mujer, la amiga, la hermana, ya no soy yo, la cómplice, somos apenas bosquejos de eso que algún día fuimos, y lo peor es que no lo hemos elegido así, finalmente la vida nos ha llevado lejos, físicamente, sin embargo, a pesar de que no siempre lo acepte o lo diga a viva voz, te extraño, porque en toda esta media década en que tu ausencia se me aparece de cuando en cuando en los rincones, donde ya no te busco, pero te nombro, acaso como un conjuro, para que la soledad no me caiga despiadada sobre los hombros, acaso para no olvidar tu nombre, quizá sólo para tener la certeza de que existes fuera de mi cabeza; no ha llegado ninguna mujer que haya sido capaz de llenar el vacío que dejaste en mi vida, no he podido hacer esa maravillosa conexiòn que hicimos a través de una ventana lluviosa entre unos discos del VIPS, esas ganas de que llegara la noche para encontrarnos en la mesa del café y desmenuzarnos el día, y llenarnos de humo los pulmones, mientras las noches se hacían cortas al vaivén de las palabras, de verdad extraño esas caminatas bajo el frío y la soledad del filo de la madrugada, esas interminables partidas de dominò, y para que te des una idea de què tan descabelladamente te extraño, hasta las pelìculas de artes marciales, que insistìas en ponerme. Pero como te decìa antes, es tan difícil aceptar que todo aquello ha quedado atrás, que esa vida ya no nos pertenece, y probablemente no volverá a ser nuestra, conforme el tiempo va pasando me doy cuenta que mucho de este proceso de volverse vieja tiene muchísimo que ver con renunciar, con resignarse, con aceptar que ya no habrá más, que no estaremos de nuevo juntas como estuvimos en algún momento, sin embargo, algo podremos rescatar, ¿no?...
Sé que estos intentos míos por buscarte, por cruzar las barreras, no son suficientes, y como te decía antes, no quiero excusarme, pero tampoco quiero que pienses que no me importas, en verdad, me importas, y te quiero tanto, que si estuviera en mis manos, esta carta te la estaría entregando yo, pero sabemos que eso no es posible, y que ojalá todo salga bien y podamos en algunos meses tenernos frente a frente y escupirnos a la cara las verdades, y compartamos un par de lágrimas furtivas, y podamos de nuevo cerrar nuestro encuentro con un abrazo, como ése, de aquella noche, de hace ya casi tres años, cuando nos sobraron las palabras y ambas supimos que ya todo se habìa dicho, y que finalmente ambas comprendìamos perfectamente lo que la otra necesitaba decir... Por eso es que te extraño, esa comunión no es fácil encontrarla con cualquiera,mientras tanto, me quedaré acá deseando tener noticias tuyas...
jueves, 24 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario