viernes, 18 de febrero de 2011

El juego final

Era ya la cuarta copa que Carlos servía, la segunda de Claudia, mientras Hugo miraba solamente cómo las cosas se iban tornando a su favor. Claudia siempre había sido poco menos que una esclava de los deseos malsanos de Carlos y Hugo sabía perfectamente que la dinámica se tornaba más íntima en perfecta relación con la cantidad de alcohol ingerida.
No pasaron muchos minutos para que Carlos mencionara la ya trillada historia de su relación abierta y cómo ambos podían sin ningún arrepentimiento encontrar placer en otros cuerpos, en realidad Hugo nunca la había deseado, sus manos toscas, ese andar indiscreto y su desfachatez para decir las cosas lo intimidaban, además de esa pregonada lealtad masculina, ella era la mujer de Carlos, y ambos habían compartido miles de historias desde su incipiente pubertad, pero finalmente, qué hombre en su sano juicio rechaza a una mujer desnuda y complaciente en plena madrugada, entre un hombre y sus deseos, la lealtad es poco menos que un estorbo, así que mientras Carlos hablaba interminablemente acerca de algún viaje o probablemente de sus hijos, la mente de Hugo divagaba entre un pezón y otro, en la curva de una espalda desconocida a sus manos, en el sabor de una boca distinta, con olor a ron y a tabaco, una lengua ávida y rasposa, exigente y entregada.
Hugo se sirvió una copa porque sus manos nerviosas comenzaban a delatarlo, sentía el sudor resbalarse por entre sus piernas, y al parecer Claudia había notado sus dagas obscuras clavarse en su escote, puesto que lo miraba de frente, casi retándolo a hacer algo, a decir algo, pero sabía perfectamente que era demasiado cobarde para tomar la inciativa.
En realidad, Claudia no sentía la más mínima atracción por el amigo de Carlos, era simplemente un accesorio, una presencia necesaria, un silencio personificado, así le gustaba describirlo cuando Carlos no estaba, le parecía demasiado tibio, muy simple, horriblemente gris, y con pocos dotes para la conversación, sin embargo, Carlos se había encargado de mitificar las capacidades sexuales de su amigo, quizá como una prueba de fuego, a ver si lograba interesarla, probablemente sólo para reforzar su ego, cuando Claudia se opusiera al morboso experimento.
Habían comenzado a jugar cartas cuando Carlos se había servido ya la sexta copa, y Claudia la cuarta, Hugo dudaba con la tercera, puesto que no acostumbraba a beber, sentía como la sangre se iba calentando, y un conocido cosquilleo amenazaba con alcanzarle la entrepierna.
Las cartas iban y venían de un lado a otro de la mesa, Hugo inetntaba disfrazar su nerviosismo llenando el silencio con palabras gastadas, con anécdotas de sobra conocidas ya por todos, y de obviedades respecto al clima, la inseguridad, el trabajo, y cualquier pequeñez que se le viniera a la cabeza, como tratando de algún modo, desviar el que él pensaba, era un tema inminente, y que a pesar de sus temores, y su aparente animadversión, de alguna manera oculta, deseaba, Carlos parecía rodearlo de una manera segura, como el cazador que conoce perfectamente las debilidades de su presa y las irregularidades del terreno, hablaba sobre mujeres, pero cuando el tempa parecía ponerse demasiado íntimo, tomaba un atajo y cambiaba la conversación; Hugo estaba ya desesperado, la expectación había ido consumiendo su paciencia y su cordura, y a pesar de no desear a Claudia de una forma conciente, ahora lo único que llenaba su cabeza era su cuerpo desnudo, mirando abnegadamente al piso, mientras Carlos desde la puerta los miraba, como un director de cine, orgulloso de sus logros, Claudia, notaba las miradas insistentes de Hugo, y no pudo dejar de imaginar el gran miembro de Hugo, tratando de salir para encontrarse con su boca, sus manos toscas introduciéndose impiadosas entre sus piernas. Si bien era cierto que Claudia era tan feliz como cualquier otra mujer puede ser con una relación a largo plazo, y no deseaba involcurarse en una aventura extramarital, era verdad que Carlos había logrado despertar su curiosidad con sus constantes comentarios sobre Hugo, a pesar de cencontrarlo sin gracia e incluso hasta ligeramente desagradable, probablemente la atmósfera viciada, los ojos de Hugo creándole una nueva identidad, deseada, renovada, recién inventada por sus ganas, quizá también era el alcohol, que parecía bajar de su garganta a su estómago como una lengueta de fuego, besándole las entrañas, pidiéndole compañía.
Conforme las horas fueron pasando y la botella quedándose vacía, ambos fueron perdiendo la esperanza de que las cosas sucedieran del modo deseado por ambos.
Ella se levantó de la mesa, con la mirada baja, tratando de disimular el rubor que sentía ahora dueño de sus pálidas mejillas, Carlos notó su marcado nerviosismo, y bromeando le dijo que por qué no intentaban un juego dónde participaran los tres, ella comprendió el mensaje de inmediato, y contrario a ocasiones anteriores en las que ella rechazara de antemano la oferta, esta vez levantó el rostro, y mirándolo a los ojos de una forma que no dejaba lugar a dudas, lo tomó de la mano y le dijo, anda, vamos a hacer lo que siempre has querido, y le señaló una silla, para que observara, como tantas veces lo habían planeado, ella, alentó a Hugo, que nervioso, no sabía si cruzar el umbral de la puerta, lo tomó de la hebilla del pantalón, jalándolo hacia sus manos, que inquietas trataban de desentrañar el misterio oculto bajo la mezclilla. Acercó su rostro, para tomar su miembro, mientras Carlos miraba la escena como si fuera parte de un show televisivo, solo hasta que Claudia, presa de un inesperado frenesí, pasó de un rincón a otro del cuerpo de Hugo, mordiendo, tocando, descubriendo, mientras él, solamente trataba de desviar la mirada de su amigo, poner la mente en blanco, y dejar de pensar que era precisamente ella, ese cuerpo ahora completamente a su merced, esos pechos, con sabor a sal y a tabaco, esas manos que trepaban y bajaban por sus muslos y caderas, trataba de cerrar los ojos y dejarse llevar, para no darse cuenta, que dos lágrimas rodaban impiadosas por el rostro de Carlos, quien llegado el momento en que Claudia quedó de espaldas a él, se levantó de la silla, abrió la puerta de su casa por última vez , y salió a la calle.

2 comentarios:

  1. Que barbara, que manera de cerrar, no lo vi venir!!! Me encantó!!!! Claro que se en quienes está basado, la pregunta es, llegó eto a suceder? Estense en sintonía, esto todavía no termina!!!!

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  2. Jajajaja, nunca, amigo mío, ni sucederá, solamente es pura fantasía... con trocitos de realidad

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